Las diferencias entre socios crean un clima propicio para hacerse este cuestionamiento. Pero no todos los desacuerdos deviene en divorcio. Ahora bien, si la discusión pone en juego la visión y los valores de la empresa, difícilmente tenga otro desenlace. Así lo asegura el director de la consultora Joh Psicotecnia y titular del Club Argentino de Negocios de Familia, Jorge Hambra. “El empresario pyme lleva adelante el negocio con corazón y sangre, y la mayoría de las veces no consensúa con su socio ni la visión y ni los valores que seguirá la empresa. Entonces, cuando saltan a la vista las diferencias, surgen los problemas”, explica.
Tanto la visión como los valores, asegura el consultor, son cuestiones que hacen a la identidad de la empresa y, por lo tanto, no son negociables. Los socios que mantienen diferencias respecto de ambas, tienden a separarse. “Ellos tendrían que preguntarse qué quieren de su empresa en 10 años y qué están dispuestos a poner para que eso se haga realidad. Si están en el mismo barco y los dos quieren ir a lugares distintos, uno se tiene que bajar o ambos deben vender el barco para que cada uno se compre otro”, ilustra Hambra. “Lo mismo ocurre en el terreno de los valores. Los dos dicen: ‘Vamos a Ciudad del Cabo’, perfecto. Uno quiere ir con velocidad, tomando riesgos y pisando cabezas, pero el otro prefiere apostar a lo seguro y poner a resguardo el patrimonio de la familia. Esto suele suceder en empresas dirigidas por caracteres diferentes,o en los casos en los que un socio no tiene hijos, el otro sí, y sus prioridades son distintas”.
En cambio, las diferencias en torno a la estrategia de crecimiento, según Hambra, son más fáciles de resolver porque se trata de cuestiones de gestión, de naturaleza operativa. “Por ejemplo, es común que un socio quiera invertir en imagen de marca y el otro en líneas de producción. Son apuestas más opinables, ninguno sabe cuál de las dos va a resultar mejor en el futuro. Como la discusión tiene un componente menos emocional, es más fácil que los socios puedan llegar a un acuerdo. Mientras no existan problemas de visión ni de valores, entonces la discusión pasa por otro lado y es más sencillo”, concluye.
Otro escenario en el que los empresarios se suelen plantear la pregunta por la continuidad de la sociedad es la lucha por el poder. “En muchos casos, las divergencias en torno de la visión de la empresa y de los valores esconden una disputa por quién predomina sobre el otro. Los socios discuten sobre estrategia pero en realidad se están torciendo la mano. Cuando esto sucede, la empresa se empobrece porque esas luchas pueden volverse irracionales. La intervención de un tercero suele evitar de que ese ansia de poder se coma la caja de su propia de fuente de riqueza”, sugiere el consultor.
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